Ensayos Inseguros

sobre todo, sobre nada

Contacto

Paperman

No fue hasta hace poco que noté al vecino de enfrente.

Se asoma todas las mañanas desde su balcón.

Toma en sus manos lo que supongo es una taza de café.

A veces, incluso, le he visto tocar la guitarra.

No estamos tan lejos, pero tampoco tan cerca como para escuchar si canta bien.

Parece que canta, o al menos hace una buena actuación con el gesto.


Verlo casi de frente a mis ventanas me da la sensación de que ya es parte del panorama de mis mañanas.

Me levanto, me dispongo, y cuando empiezo a trabajar en el escritorio pegado a la ventana, siento en los párpados el movimiento lejano del vecino distante.

Y volteo. Y ahí está.

A veces mirando al horizonte o a veces mirando en mi dirección. 

Siempre arriba, siempre abajo. No hemos cruzado mirada. La mirada directa se nos cancela.

Miedo a entablar una relación a distancia.

Miedo a sujetarme para el resto de los días en este departamento al saludo del vecino de enfrente.

Ése con quien nunca hablaré más allá de las palabras emitidas con la vista. De las vistas rápidas y que se escabullen.

De hecho quizá sea incorrecto decirle vecino.

Vive al otro lado de la calle, en un edificio separado y diferente al mío.

Vecinos de colonia. Vecinos de altura al ser ambos del séptimo piso.


Cuando llegué aquí, él no existía en el panorama.

Yo veía su departamento. Vacío, sin cortinas.

Un descuido innecesario para los departamentos nuevos con pintura recién puesta.

Pero un día llegó, no sé cómo ni cuándo.

Y tampoco sé cuándo fue exactamente que empecé a notar que ahí estaba. 

Y que le gustaba salir a su balcón. 


Mientras escribo recuerdo el corto animado de Paperman.

¿Será que un día nos dejamos un letrero en la ventana para preguntarnos los nombres?

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