En la radio dicen que México sí está mal, pero que no está en crisis.

Con pobreza, con inseguridad, con inflación, pero que aquí seguimos.
Al menos.
Suena Eddy Eddy de Angélica María. En pleno 2026. Frecuencia AM un domingo en la mañana a bordo de un coche BYD.
La voz del locutor parece sacada de los setenta.
Entrevistan a Luisa María Alcalde. Su voz me supura a través de las ondas. La entrevista es sospechosamente amigable.
Los temas abordados por el locutor parecen igualmente sacados de los setenta.
A los políticos no los deberían entrevistar así.
Me parece increíble creerle el tono populista a alguien que actúa tan mal. Al menos hacerle el esfuerzo, ¿no?
Pero en México pareciera una práctica inmaculada; con mucha repetición y audiencia en un segmento de la población que quizá tampoco debería ser tan amigable con esa misma clase política.
La representante legal del gobierno dice que va todo muy bien. Súper bien. Como dije, sospechosamente alegre.
Prefiero ver hacia afuera de la ventana. Abrir los ojos para dejar de escuchar. Pienso en el efecto de escuchar eso mismo todo el santo día, a toda santa hora.
El conductor del Uber seguramente vive esa realidad.
Y se ve tranquilo. Sospechosamente satisfecho.
Pasamos frente a una universidad privada. Asequible, pero aún así privada.
Es domingo y hay muchas personas formadas afuera de la puerta. Cargan folders, dejan los coches en doble fila.
No son estudiantes, son papás.
¿México será el único país del mundo en el que los padres de mini adultos se forman para inscribir a sus hijos a la universidad?
No figuro a un padre danés yendo a inscribir a su hijo a cualquier cosa ya pasada la primera infancia. A una madre francesa sosteniendo la burocracia de sus hijos funcionales en un folder, mismo que luego ellas mismas resguardarán. A posteridad.
Aunque nos valgan las reglas, hay algo muy mexicano en que nos guste que nos eduquen. Que nos regañen hasta que ya la cagamos.
México siempre fiel al padre. A la mamá. A que nos resuelvan la vida. A esperar a que llegue alguien más a resolvernos los problemas. A resolvernos.
Papá gobierno. Papá Papá. Papá Mamá.
No nos gusta gobernarnos…
Me bajo del Uber. El conductor es sospechosamente amable y sonriente. Sospechoso porque fuera de esas ventanas la realidad dista de lo dicho por la política de la radio.
Pero él sonríe. Él sí vive en esa realidad. Eso le da paz. Supongo.
Yo también le sonrío de vuelta. Me bajo casi que saltando.
Ninguno es mejor que el otro. Ojalá un día nos resuelvan este tema.

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