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Pilates

«¡Dile hola a tu recto abdominal!» dice el instructor de pilates, como himno de apoyo para soportar los ejercicios titánicos de una clase reciente.

Lo grita de hecho, con una solemnidad que vaya… no puedo evitar sino reírme (y por ende, termino aflojando el mentado recto abdominal).  

He aprendido a disfrutar de la clase de poco en poco.

Antes era una mortificación pensar que caería en una clase así. La desgarrada de músculo, el juicio de las otras que en lugar de ir a hacer ejercicio, pareciera que van a un concurso en donde gana el mejor crop top del condado.

La mamonería, la sufridera.

Sin embargo, no hay que olvidar que el reformer es un vehículo con meta última en la humildad. Esa camita de madera con sillón trasladable ubica en la realidad incluso a las más voladas de nosotras. Los straps y las resistencias nos recuerdan que, no mijita, aquí no se viene solo por la foto.

Patitas de Bambi son las que te quedan después de una buena clase de power. 

Así que nada de superficialidad relacionada a las pilates girls porque son unas guerreras. Resistentes, cabronas. De cabrona a cabrona, mis respetos (jajaja).


El reel de instagram es mi nuevo feed de noticias. El periódico de la mañana (pero a toda hora) con noticias y artículos de opinión.

Opiniones varias, muchas innecesarias, algorítmicas, controversiales a lo wey.

En esas estaba un día, cuando me habla una de las voces detrás de la pantalla y me dice: «la economía nos quiere solteros; a los hombres comprando tenis, a las mujeres haciendo pilates.«

No me lo dijo solo a mí. Seguro resonó en los miles de usuarios reales o falsos que likearon ese manifesto de 30 segundos de duración. 

Potente y honesto indudablemente.

¿Pero qué le hacemos con esa información, Martín Lutero posmoderno? ¿Dejar de ir al pilates? ¿pararle a la comprada de labubus?

¿Qué propones, pues?

No es como que mágicamente esa remoción nos quite el miedo a relacionarnos. Que como por arte de magia eso sea el antídoto del terror a vincularnos con el otro porque qué tal que hay algo mejor a la vuelta de la esquina (spoiler alert: no lo hay, ni lo habrá con esa falta de saciedad).

¿Realmente son los tenis o el pilates el problema? Mejor eso que tener a weyes saqueando sex shops, ¿no?

O peor aún. Con perversiones innombrables y enfermas que aún en la pareja tradicional se dan con bastante normalidad.

Si algo vienen a hacer esas acciones es quizá a ayudar en una evasión sana. Consumista sí, pero sana…

En fin, creo que mi vocación es tener un estudio de pilates. Cierro participación.


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