Ensayos Inseguros

sobre todo, sobre nada

Contacto

Una Playera Que Diga

«No busques a tu psicólogo en Doctoralia.«

Una playera que diga.

«No pagues una consulta de psicología antes de tenerla.«

Una taza brandeada que diga.

«No confíes en esos psicólogos que dicen ser expertos en psicoterapia individual, enfoque cognitivo conductual, sistémico, tanatológico, con enfoque de género, si puedo te leo las cartas, soy influencer y en línea. Todo junto.«

Una tote bag que diga.

___________________________________________

Si de por sí cuesta ir a terapia…

Desde hace algún tiempo que he meditado mucho sobre si regresar a la platicada profunda de los problemas o no.

Una de las psicólogas con quien iba me tuvo asistiendo con ella casi tres años seguidos en sesiones semanales, convirtiéndose más en mi muleta emocional, que en una ayuda sólida a futuro.

Otra más me atendió cual doctor en farmacia de genéricos: abordó el problema, y una vez solucionado, me mandó a volar sin aviso ni patadita de la buena suerte. Literal, ghosteada. 

Cuando finalmente decido que sí sería bueno regresar (porque el año no ha estado muy fácil que digamos), me animo a intentar terapia con un hombre. Quizá el enfoque sea distinto, un poco más directo, no lo sé.

Es así que agendo y después del pago obligado, tengo una primera sesión diagnóstica. La famosa entrevista pues.

Después de echarme todo un recorrido mágico ancestral sobre mi último año en una llamada de mala calidad, sentada sobre una cama atiborrada de adornos navideños que no han sido movidos desde hace meses por razones que pretendo abordar en terapia, recibo como respuesta un: «pues no sé con qué te puedo ayudar, ¿en qué quieres que te ayude?«.

¿Es capciosa la pregunta?

Entiendo que la terapia se trabaja. No va una solamente a sentarse a contar cosas para no cuestionarse otras.

Pero, ¿no será que busqué la terapia precisamente porque todavía no sé exactamente qué me pasa?

No tengo las palabras, los conceptos exactos. Para eso están las preguntas de entrevista, ¿no?

Al compartir que no estaba segura, y que por ello quería revisarlo en una terapia psicológica, el individuo detrás de la pantalla insiste en que debo tener una razón específica… Me comenta que me ve muy bien posicionada emocionalmente hablando.

Empiezo a enfuriarme.

¿Quiere acaso que llegue llorando? ¿Rebasada, en crisis, casi que amenazando con aventarme de un séptimo piso?

Resumo lo que a continuación aconteció: literalmente, recibí la gaslighteada de mi vida. O como se diría muy finamente: me hicieron wey.

Al comentar que mi intención al regresar a terapia era desahogarme y darle a cada cosa su lugar, recibí por respuesta «profesional» un: «Para eso existen los amigos, y ellos no te van a cobrar«. Sí, así como lo lees.

Se me dijo que a pesar de mis problemas, parecía estar manejando las cosas muy bien. Sin psicopatías notorias ni crisis visibles. Descartada en la primera terapia.

____________________________________________

En fin, de la que me salvé.

Ahora estoy intentando un enfoque nuevo completamente. El psicoanálisis. Presencial. Con todo y diván. Como el diván de la mamá de Valentina.

Me da algo de miedo ese enfoque porque chale con descubrir el inconsciente.

No quiero llevar un diario de sueños ni entender por qué en su momento soñé que Layda Sansores llevaba una peluca negra, ocultando debajo de la misma un mini «Adivina Quién».

O descifrar aquel otro sueño en el que uno de mis ex, el más memorable no tanto por lo padre, sino por lo menos padre, era convertido en un muñeco inflable (de esos que vuelan afuera de las gasolineras), y lo atropellaba en repetidas ocasiones. Muy repetidas ocasiones una vez convertido en inflable.

(O bueno, quizá sí me intriga saber por qué soñé eso).

Pero sí. Caí en otra terapia y con una mujer nuevamente. Tratando de acostumbrarme a escuchar un poquito sobre teoría psicoanalítica (el yo, el ello, el superyó… el falo jajaja), y a preguntarme ahora sí que el famosísimo: «¿y qué diría Freud?«

Ennnn finnnnn

¿Lección? Encontrar un buen psicólogo es como encontrar un estilista con buena mano (aunque ofenda la comparación). Es cuestión de match, de vibras si así lo quieren.

Y lección para quienes estudian psicología: no se limiten solo a tratar a quien llega con lágrimas y crisis. O con «psicopatías visibles».

No saben a quién pueden terminar salvándole la vida con un buen diagnóstico (o fregárselo para siempre con uno malo).

Afortunadamente esta loquita del centro todavía no está tan deschabetada.

Deja un comentario