Tengo la enorme sospecha de que eso de «relación abierta» es otra tremenda mentira.
Nunca confíen en esos que dicen «no tener Instagram.»
Se caen cosas a mi alrededor y creo que es el diablo o mis queridos antepasados viniendo desde el más allá a regañarme por estúpida.
La conciencia me carcome…
¿Por qué me metí ahí?
¿Realmente me gusta esto o me gusta la idea de saber que alguien que se supone «ya eligió», quiera elegirme?
Tengo que recordar que no soy María José, y que muy por el contrario, yo no prefiero ser la amante de nadie.

________________________________________
Qué desmotivante es esto para una, de por sí, no entusiasta del matrimonio ni de las relaciones a largo plazo.
Termino pensando que vale para pura madre gastar tanto en una boda. Ya ni se diga en la luna de miel.
______________________________________
Me topo con el Facebook de la definitiva. O sea, de la catedral y no de la capilla.
«Me topo» es un eufemismo porque claramente lo busqué yo. Con conciencia, con paciencia, con la autolasceración que ello conlleva.
Veo las recientes fotos de aniversario y me engancho más a su «perfecta vida». Ahora entiendo la razón de negativa al divorcio.
¿Quién va a quererse ir de aquella fortuna, de esos contactos, de las puertas que el negocio del matrimonio va abriendo para quien así suscribe el contrato?
Y yo tontamente pensando entregar todo mi amor, mi compromiso, mi acompañamiento como compañera de vida y aventuras a quien elija en su momento como mi pareja.
Descartada desde el minuto uno por boba.
__________________________________________
No es mi tipo. O quizá sí, pero eso ya ni importa.
Al parecer soy una capilla y nadie me informó hasta que insistí.
Me siento tontamente contenta de ser la que está de este lado de la ecuación. De no haber sido yo quien le conoció primero ni se ató a él.
Como si eso me hiciera sentir menos pendeja por haber caído en la mentira, y luego para empeorarla, quererle entrar aunque fuera una vez más.
Al menos yo tengo «la salida fácil», pienso.
La que no publica una foto de aniversario falsísima cada año, me reconforto.
La que observa desde lejos la anatomía de una mentira ni tan bien armada. Nombres chafísimas y absurdos. Hasta el pinche cumpleaños con todo y signo zodiacal se me terminó inventando, carajo.
Todo se desmorona tan fácilmente en esta mentira tan poco articulada que cae en lo bruto y en la grosería completa.
Pero ya ni para qué enojarse.
Todo se observa con la ingenua superioridad de quien pretende fingir que en nada le afecta todo esto.
__________________________________________
Intento releer por no sé, ¿quizá quinta vez?… «Amor Líquido» de Zygmunt Bauman a ver si ahora sí no me duermo.
Pero la verdad, ni le entiendo. Chance y por eso estamos como estamos.
Lo mismo me pasó con «Rayuela» y con «El Laberinto de la Soledad».
Títulos escritos por vatos que muy seguramente también pusieron el cuerno cual mexicanos wannabe franceses promedio en su momento. O quizá solo demostraron la basiquez de su generación (y de su género).
O chance y fueron unas almas puras y caritativas, pero levantarles falsos tampoco se siente tan errado porque pues, vatos.
Aterrizo, mientras leo, en una frase que no podía ser más pertinente tanto por lo juzgona como por lo cierta: el amor moderno se percibe como tener que patinar sobre hielo delgado. Tienes que hacerlo de forma muy fugaz, y a la vez, muy superficial.
Si te quedas mucho tiempo ahí o si aplicas suficiente peso, el hielo se rompe. Te lastima. Se te encaja. Te congela. No te deja escapar.
Yo solo pienso que somos una bola de miedosos. Preferimos patinar por mil hielos antes de aprender a terminar la rutina y perfeccionarla en la misma pinche pista.
__________________________________________
Hace años iba en el metro cuando una pareja de amigas eclipsó la atención de todas las que íbamos viajando en la parte central de aquel épico vagón de mujeres.
Una de ellas hablaba con una voz tan fuerte, que no cabía duda de que ahí hicieron mucha falta mamá y papá.
En resumen: ella era la amante de un tipo que sin necesidad de ponerle rostro al chisme, me resultó de lo más básico e irrelevante por lo que era relatado.
El tipo prefería dejar que su entonces esposa y la referida amante se desgreñaran y estuvieran en cruzada abierta la una contra la otra, antes de intervenir para detener esa absurda contienda.
Literal, la esposa había comenzado una campaña en redes sociales para chingarse a la amante en lo familiar, lo laboral, lo social… la funó con medio mundo pues. Casi que si puede, pide a algún periodista chayotero que la mencione en la Mañanera para que también nos la funaran a nivel nacional.
Pero eso sí, sin dejar al marido.
Mientras tanto, el señoro (a quien imagino con panza chelera, oliendo a cigarro, y con sarro hasta en las uñas si es posible) podía jactarse de tener a dos mujeres en pugna por él. Todo un galansito, todo un patansito.
Ya me lo imagino diciendo: «No se peleen» mientras se saca una pelusa del ombligo.
La cosa es que ahí estaba la amante, a mitad del vagón, gritando su historia como si alguien se fuera a conmiscerar por su triste realidad.
El problema es que, casi siempre, todos apoyan a la señora de la casa en franca solidaridad. Otros tantos (cínicos) llegan a justificar al viejo pedorro. Pero, ¿qué pasa con la amante?
¿Quién empatiza con ella?
Siempre serás la tonta o la canija.
¿Injusto? Mucho
Pero ni qué hacerle.
________________________________________
Nadie es tan importante.
Ni tú.
Ni yo.
Ni él.
En resumen: nadie.
Así que si pueden ahorrarse el ser capillas de otros, háganlo.
Hay muchos otros «sacerdotes» sin recinto que morirían por dar misa solo en sus iglesias. Ahora sí que hacer la residencia como Britney en Las Vegas, pero en sus santuarios.
Qué chafa la referencia y pedorro el simbolismo de las capillas; está ultra conservador para efectos de mis pecados. Lo que hace la formación católica que se te inserta hasta el tuétano, caray.
Pero bueno, ustedes entendieron.
Deja un comentario