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Ganas de Escribir

Tiene un rato ya que el apartado de «borradores» no encuentra una buena candidatura a publicación. 

Será la falta de disciplina o de experiencias imaginarias y reales a compartir. Carencia de inspiración o simple cansancio mental.

La verborrea de dedos tecleando se ha convertido recientemente en la manera más viable para la materialización de las ideas que me cargo. Ideas que aunque parecieran algo difusas y poco concatenadas, en realidad sí que tienen algo de sentido.

Escribo desde el cansancio de la experiencia presente, pero también desde la necesidad de externarlo de alguna forma u otra. Ya se ha hecho medio insoportable tener un humor tan cambiante y errático. Insostenible es querer fingir balance, y por ello la catarsis «artística» ayuda a reducir el acercamiento a la locura.

Entrecomillo lo artístico de mi materialización escrita. Porque en realidad no me considero ni literata, ni poeta, ni escritora, ni, en resumen, artista.

Pero en contraste con mucha de la obra que creo, si es que así puedo nombrarla sin autodenominarme la gran cosa, sí veo que en la inconsciencia y falta de auto censura (añadiendo igualmente una buena dosis de cansancio a la fórmula), las palabras fluyen cual ríos de lluvia en la mancha urbana craquelada durante el mes de octubre.

Quizá lo más ingente en mi inspiración escrita, sea la mera necesidad de expresar y desahogar. Han sido meses que han llevado al borde y al desborde tanto en la propia experiencia, como en aquella de muchos a quienes amo.

No han sido meses propicios para el enamoramiento, y aún así, la experiencia se asoma atractivamente a la distancia. Esa distancia tan atractiva como cómoda que permite que la atracción siga viva a través del desconocimiento ilusorio del otro.

De igual forma, este año no ha sido uno sencillo en cuanto a retos corporales. Caídas, recaídas, y levantadas forzadas han sido sucesos de impacto tanto físico como mental.

Si algo ha estado presente en mi vida reciente, es la certeza de que nada volverá a ser como antes. Y aunque no está bien que así pase, también está totalmente bien que así suceda.

Digamos que en la aceptación no resignada de que nada volverá a vivirse de la misma forma dos veces, se encuentra la clave misma sobre el cómo relacionarse con la vida.

Aunque debió haber sido diferente, más por ilusión egoísta que por proceso natural, las muertes emocionales se han dado más abruptamente que aquellos desgastes físicos que han aquejado a quienes amo.

Siento que debería suceder al revés. Sería lo justo diría yo.

Atácame el cuerpo lo más rápido posible, e impide que me duela tanto esto que me aqueja. Destruye lentamente mi sentir, para que mi cerebro pueda ir procesando todo lo que está ocurriendo; no me dejes de un día para el otro completamente desolada y sin sentido emocional.

Pero la vida no es como uno la quiere o la desea. La vida es canija, divertida, errática, curiosa e inquieta. 

Es juguetona, y aunque en algún momento uno sabe que no le caería nada mal una buena dosis de ubicación, la aleatoriedad de la fortuna te pospone la lección para un momento futuro. Aunque ese momento se sienta como el infierno mismo.

En fin, el cansancio está volviendo a ganar en esta ocasión. Necesidad fisiológica de cerrar los ojos, aunque el pendiente respecto al cuarto contiguo mantiene al subconsciente en un leve estado de alerta.

Seguro a la persona que está en esa habitación también se le encienden las alarmas al escuchar lo leve de mis sonidos. O quizá para este punto, su propio cansancio también le haga ceder las alertas al propio subconsciente.

En fin, termino este escrito contenta de saber que una buena chispa creativa proviene del cansancio extremo. Quizá dentro de poco busque otras fuentes de inspiración…

Nota final escrita un día después de publicado esto: qué mafufada la que escribí. 

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